Sacúdete el pánico

Ha pasado mucho desde la última vez que escribí. Confieso que se siente muy bien poner manos en el teclado y dejar salir todo sentimiento, incluso lo encuentro un tanto terapéutico.

Ahora me encuentro en Mérida, sentada en mi viejo lugarcito de Cool de Sac; es como si nada hubiese cambiado en estos 7 meses.

Dentro de los planes familiares estaba el venir a visitar a la familia y amigos antes de navidad, la idea era en el mes de octubre, pero la madre naturaleza un poco molesta con tanto desmadre que hacemos los humanos adelantó mi viaje.

Literal vine a refugiarme pensando que debía dejar pasar la temporada de huracanes que cada año visitan a las islas del caribe.

¿No sé si se acuerdan o leyeron un post anterior que titulé “Sacúdete el miedo”? Bueno a este lo titularé ¡Sacúdete el pánico! Jaja ahora verán por qué.

En algún lado leí que Irma ha sido considerada el huracán más grande de la historia del Atlántico y si existiera categoría 6, Irma estaría inaugurando la lista, además de que se caracterizó por ser tan indeciso en cuanto a trayectoria y tamaño. Pero bueno les contaré nuestra historia y aprovecharé para depurar este pequeño sustito.

Una semana antes de Irma, empecé a recibir llamadas de familiares diciéndome “¡Regrésate por favor! Vente unos días y deja que pase el huracán”, cosa que no sonaba tan descabellada porque familias que como nosotros se encuentran trabajando en la isla, tomaron la decisión de irse a su país por el tiempo que se necesitara.

Mi respuesta a las llamadas era: Gracias, pero no. Les explicaba que Rodrigo por obvias razones tenía que quedarse y para mí era peor la incertidumbre de no saber lo que le podía pasar. Finalizaba diciéndoles: St. Kitts me ha regalado la alegría de reunir a mi familia y no me iré en este momento (razonamiento antes de Irma).

Una vez tomada la decisión, empecé a informarme, como bien dicen en el ámbito laboral: “Knowledge is power”. Y yo necesitaba la mayor información para enfrentarme de la mejor manera a cualquier cosa que fuera a suceder.

Mis papás con alma aventurera (ahora que lo pienso, de tal palo a tal astilla), habían pasado en el baño de su departamento cerca del mar a Wilma, el huracán que afectó a Cancún, por lo que gracias a su experiencia de supervivencia, comencé la búsqueda del lugar más seguro para pasar este huracán. Por otro lado pensé: bueno lo mejor es preguntarle a los Kitishans pues ellos tendrán toda la experiencia y conocimiento del mundo.

Las compras de pánico empezaron desde una semana antes, pero en los súpers solo veía gente como yo, gente que estaba ahí por trabajo o por estudios, todos nosotros asustados comprando, mientras que los cajeros se reían o hacían comentarios irónicos de nuestras compras.

Les confieso que ver a la gente local tan tranquila me hacía dudar, por lo que decidí preguntarle a las maestras del Summer Camp de Sofi y Hannah, quienes me decían: “¡Relax! Esto se sentirá como tormenta tropical”.

Obteniendo estas respuestas, pensaba, ¿Estaré exagerando? Pero opté por pecar de prevenida y no de relajada, sobre todo sabiendo que estaríamos solas durante el huracán, ya que Ro tendría que pasarlo en su locación.

Al regreso de mis compras y entrando a mi departamento me encontré con un vecino de nacionalidad inglesa y un poco mayor, con quien alguna vez platicamos en la piscina y nos había mencionado que llevaba viviendo 20 años en la isla, sus hijos habían crecido ahí y ahora ya eran adultos (calculo un par de años más que yo). Él había llegado junto con su familia para trabajar en la  construcción de los departamentos en donde vivíamos, y le gustó tanto el estilo de vida que decidió soltar raíces en la isla.

Así que cuando lo vi muy campante caminando pensé: esta es la persona perfecta para informarme. En seguida frené y le pregunté las medidas de seguridad que me recomendaba tomar y si los departamentos los encontraba seguros debido a la cercanía del mar (estamos ubicados frente al mar). Su respuesta para calmar mi angustia fue la siguiente: “No te preocupes, en el  huracán del 90 y tantos ambos mares (mar caribe y atlántico) se unieron y esta parte donde estamos quedó descomunicada, pero esta vez no va a ser así”.

Yo volví a insistir: Señor, ¿está usted seguro? Parece ser que este huracán llegará como categoría 5 y pues yo he vivido algunos huracanes, pero nunca en un área con posibles deslaves o frente al mar. Le pregunto a usted porque me acuerdo que alguna vez me mencionó que construyó estos departamentos. El Sr. respondió: “No no no (abanicando su mano) el mejor lugar de estos departamentos es el piso de en medio, ¿en qué piso vives?”. Le informé que vivía en el piso de en medio, a lo que él terminó diciendo: “¡Ah! Pues ni de qué preocuparte. Sigue mejor preocupándote por tu pintura de uñas, ¡nice color!”.

¡WTF! En mi lenguaje aristócrata yucateco pensé: ¡Pelaná! ¿Con quién chi… crees que hablas? ¿Qué respuesta es esa? Tengo a dos niñas en el asiento de atrás y necesito el mejor criterio para poderme guiar.

Habiendo obtenido nada de este señor llegué a mi casa, saqué mi lista y empecé: compra de pánico, ¡Check! Preparación de casa….. next step. Mis papás quienes estuvieron en todo momento apoyándome, me explicaron que ellos creían que las ventanas de su departamento habían resistido a Wilma gracias a que habían puesto los colchones, bases de cama y muebles contra ellas, pues esto ayudaba a hacer contrapeso y evitaba la vibración del vidrio.

No me pregunten cómo, pero con mi metro y medio de altura logré mover todos los muebles de mi casa, ponerlos en contra de las ventanas, y empaqué todas mis cosas en maletas a las que denominé por nivel de catástrofe. Separé lo vital, lo importante, lo que me gustaría tener y lo que si nos tenían que evacuar no me pasaba nada si dejaba atrás. ¿Les digo algo? Después de experiencias como esas, entiendes que no importante nada, es bueno clasificar pero al final la vida es lo más importante, lo demás son objetos, cosas materiales que vienen y van.

Terminé muerta, pero lista para el siguiente paso, ir a casa de nuestros amigos donde nos quedaríamos para el huracán.

Saliendo de mi casa, toqué la puerta de casa de mis vecinos, una pareja: Bob el Canadiense amante de su balcón, su computadora y su cerveza y Lolita la Rusa, amante de los gatos y las plantas. Cada vez que se iban de viaje para visitar a sus hijas y sus nietos me pedían que alimentara a sus gatos, y yo con gusto accedía sabiendo que alguien me regresaba el favor en Mérida con mi perro Bruno.

Bob y Lolita mis queridos vecinos y hermosas personas.

Le pregunté a Bob si se iban a quedar en los departamentos, a lo que me respondió que sí. Para que se lo imaginen, es de esos señores de melena alborotada, viejo lobo de mar que se las sabe de todas; él desde las 6 de la mañana había salido a poner sus propias anticiclónicas y a las doce del día tenía en una mano su martillo y en la otra una cervecita. Un señor que hasta en su manera de hablar es relajante y lenta, todo lo opuesto a su mujer.

Él me volvió a decir: “Nada de qué preocuparse, yo me quedo aquí con los estudiantes de la universidad que se quedarán solos en los departamentos (donde vivimos todos) y nunca han pasado un huracán, pero Lolita se va con unos amigos a una casa en lo alto, ella se siente más segura ahí”. Perfecto, los abracé y nos dijimos cuídate mucho.

Llegué a casa de mis amigos Chilenos, una familia bella que antes de llegar a la isla habían vivido durante ocho años en Alemania. Nuestro amigo, es maestro de la universidad de veterinaria, Marce y Pepe tienen dos hijos, uno de 11 años y su niña de 3, amiga y cómplice de travesuras de Sofi y Hannah.

Su casa se encuentra ubicada en la parte alta de la colina, lejos del declive. Cabe aclarar que esta información la dedujo mi papá quien en menos de una semana, se volvió físico, ingeniero y arquitecto, mientras que mi mamá meteoróloga y experta en huracanes. Durante los días previos al ciclón les mostré todos los posibles lugares seguros donde podía quedarme, les mandaba fotos, descripción de materiales de casas, ubicación y obviamente la primera en descartar fue mi casa por la cercanía al mar.

Otro punto importante para aclarar, seguramente ustedes me leen y dicen: “¡Eh! Vacilas china, ni que nunca hubieras vivido un huracán y categoría 5, ¿Ya te olvidaste de Gilberto, Isidoro? ¿No te suenan?”.

Definitivamente no me he olvidado, pero la diferencia es que las islas del caribe son unos pequeños puntos en medio del Océano Atlántico, no hay tierra que disminuya la categoría. La isla está conformada por relieves que provocan deslaves y para terminarla de amolar, el tipo de construcción de las casas son como algunas de Estados Unidos, de tablaroca con techos de madera y zinc, claro con unas vistas espectaculares al océano y rentas carísimas, pero finalmente de cartón.

Por esas razones no hay hacia donde correr a la mera hora, y es por eso que mi frase seguía siendo “Knowledge is power”, pensaba: necesito estar lo mayor informada, para tomar las decisiones precisas y correctas. Claro una cosa eres tú, pero cuando ya tienes hijos, ¡madres! Las cosas sí que cambian.

Sentía que no podía dejar nuestras vidas en manos de alguien más, mis hijas son mi vida y mi responsabilidad y necesito tener un plan para lo peor, para así estar preparada para todo, incluso si no era necesario.

Esa era la línea de pensamiento que llevaba y la que nunca abandoné.

To be continued…..

Foto 1 – Foto satelital del huracán Irma (fuente desconocida).

Foto 2 – Compra de pánico 🙂

Foto 3 – Mi casa.

Foto 4 – Mejor equipo contra huracanes.

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¡Somos lobas!

Ese día, recuerdo haberme despedido de ellas, las dejé en sus sillas frente a la mesa listas para comer, cerré la puerta y salí corriendo hacia el carro para regresar al trabajo. Justamente antes de subir al coche escuche: ¡Mamá!…. me detuve mientras cerraba los ojos y pensaba ¡No please, tengo prisa! Regresé, abrí la puerta y les pregunté: ¿qué pasó? A lo que ellas respondieron con un aullido de lobeznos “Aaaauuuuu ¡te quiero mamá!”. Mi corazón se derritió, manejé al trabajo con una sonrisa de oreja a oreja y mis ojos un poco cristalinos, llena de felicidad y orgullo.

Pero, ¿qué tiene de especial ese momento? ¿por qué el aullido? ¿por qué a nuestra familia le decimos manada? 

Si bien, cada familia se distingue por su propio lenguaje, valores y creencias, es decir su propia esencia; el lenguaje de la mía se origina gracias a un libro que llegó a mi vida en el momento indicado: Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés.

Para las personas que no hayan escuchado de él, este libro no tiene nada que ver con hombres malos y caperuzas perdidas y mucho menos con vampiros y lobos disputando por el amor de una mujer con “exótica sangre”. 

Para ponerles en contexto, este maravilloso libro, resume la larga trayectoria de la autora como Psicoanalista Junguiana combinado con el análisis sobre relatos infantiles y la influencia de ellos en el comportamiento y la conducta de la mujer, ¡Bravo Clarissa!

A quien se le esté antojando leer este libro, le puedo decir que lo comparo con una copa de buen vino, la cual sería un crimen tomarla de un sólo trago. Bueno pues lo mismo pasa con esta joya, para comprenderla y disfrutarla hay que leerla de a poco.

Durante el tiempo que lo leí, escogí como santuario un restaurante que gracias a la seguridad para los niños dentro del lugar y a la zona de juegos, los papás pueden disfrutar tranquilamente su comida y una plática “casi” sin interrupciones. Yo disfrutaba tener ese diálogo conmigo misma. Ya con libro en mano y niñas jugando, Cool de Sac se volvió nuestro segundo hogar.

Acudíamos seguido, nos sentábamos en nuestra mesa de siempre, ellas con su distintivo ¨sale bye mamᨠcorrían a los juegos y yo enseguida sacaba mi libro.

A pesar del bullicio de los niños, el partido de fútbol en pantalla, la música de fondo y las voces de los comensales, podía sumergirme en mi fabuloso libro de cuentos y análisis feminista, gracias al “Super poder de Bloqueo¨: habilidad que toda mujer desarrolla automáticamente al tener hijos y el cual consiste en estar pensando en nada, con una media sonrisa como autodefensa para no ofender a aquellas personas que muy amablemente te saludan y tú no te das cuenta, porque te encuentras felizmente en “Nothingland”. ¿Te identificas? 🙂

Fueron meses de lectura y pensamiento reflexivo lo que me llevó a confrontar y aceptar la influencia de una sociedad machista en la que estaba sumergida y con la que había crecido durante toda mi vida. 

Hice un recuento de mi pasado, de las voces, de los mensajes implícitos en cada frase “educativa” de colegios, trabajos, familia y todo lo que me rodeaba.

La verdad es que no era nada que no supiera o no me hubiese dado cuenta, pero cada vez me hacía más consciente. 

Comencé a cuestionarme frases tan comunes y que repetía sin pensar en el mensaje oculto, como: las niñas por naturaleza son maternales en cambio los niños son agresivos, !Ten cuidado fulano, a las niñas hay que tratarlas con delicadeza!

¡Pobres pequeños¡ ¿en dónde dice que los niños por naturaleza son agresivos y las niñas delicadas?

Entonces empecé a sacar mis propias conclusiones: ¡No somos maternales! Más bien, a lo largo de la historia hemos tenido que guiarnos las unas a las otras. Nuestra inteligencia nos ha llevado a entender que para sobrevivir hay que ayudarnos y protegernos. It´s not about motherhood, it´s about sisterhood.

Entonces… a manera de ejercicio empecé a cambiar la frase: ¡Fulana(o), no pegues, a ninguna persona se le pega! 

La agresividad puede ser el mecanismo de defensa como reacción a una frustración, al no saber cómo actuar o enfrentar lo que nos molesta. Y esto nos ocurre tanto a mujeres como hombres, mejor aceptemos que es cuestión de educación y no de género.

¿Cuántas veces, de adultos nos enfrentamos a situaciones en donde no sabemos como actuar? Entonces en vez de que algunos hombres actúen de manera agresiva y algunas mujeres de manera sumisa, tal vez si la frase la empleáramos de diferente manera, todas las personas, desarrollaríamos verdaderas habilidades que nos ayuden a resolver situaciones de conflicto y evitar sentirnos frustrados. 

Agradecí y me llené de orgullo de tener dos hijas mujeres, pero ahora entendía perfectamente la importancia y responsabilidad de formar personas inteligentes y valientes, mujeres capaces de escuchar su voz interior, auténticas y fieles a ellas mismas. 

A partir de ahí, nuestra familia empezó a definir los principios fundamentales que regirían nuestra vida, empezamos a romper esquemas que no queríamos adoptar y fue así como empezamos a crear nuestro propio lenguaje.

Practico con cosas sencillas, como por ejemplo, cuando mis hijas se encuentran en una situación difícil, la manera en la que abordo el problema es la siguiente: ¨Sofi, Hannah, utilicen su inteligencia para resolverlo, a ver ¿cómo creen que podemos mejorar esta situación?¨. “Sofi, Hannah nunca olviden lo valientes que son, que nada ni nadie apague sus voces, hijas, acuérdense que son unas lobas”.

Por favor, no vayan a creer que la frase la aplico mientras sacamos los colmillos y gruñimos porque un venado pasa enfrente de nosotros y tenemos hambre – jajaja. 

La mayoría de las veces “el GRAN problema” es que una le pintó el cuaderno a la otra, alguna discusión en la escuela con amigos por un crayón, pasar el mini pasillo oscuro para ir al baño en la noche o simplemente esa característica propia del Toddler porque las cosas no están como ellas quieren, lo cual puede desencadenar un berrinche irracional al estilo “El Exorcista”.

Estos “gravísimos problemas” son los que me hacen pensar que mientras más temprano aprendan a conocerse a ellas mismas, a desarrollar sus habilidades y a actuar de manera responsable ejerciendo su racionamiento critico, adquirirán herramientas muy valiosas, mismas que en su vida adulta sin duda les ayudarán.

Sé que Sofia y Hannah crecerán y no siempre podré estar ahí para orientarlas y protegerlas, así que hoy por hoy y a tan corta edad les recuerdo con orgullo que son personas, son mujeres, son hermanas y son lobas….¡Aaauuuuuu!

Brimstone Hill

Después de nuestros dos primeros meses en la isla y de la felicidad de vivir a un paso del mar, le pregunté a Ro, ¿Bueno, ademas de playa, que más hay para hacer?. Él contestó: “Fui hace unos meses al fuerte Brimstone. Definitivamente vale la pena llevar a las Twinkies”.

Eso me recordó a nuestros domingos yucatecos en donde una de nuestras actividades favoritas era visitar haciendas, por lo que la idea de continuar con nuestras antiguas tradiciones me emocionó aún más. 
El Fuerte Brimstone Hill es una de las principales atracciones turísticas en St. Kitts. Los británicos comenzaron a construirlo en 1690 y tardaron 100 años en terminarlo. Tiene una vista impresionante debido a la altura en la que se encuentra (244 mt sobre el mar), y el contacto directo con la naturaleza es mágico, pues por un lado puedes observar toda la vegetación y por el otro el imponente mar. 
Muy cerca de Brimstone se encuentra Sprat Net, un restaurante de-li-cio-so frente al mar, el cual gracias a las recomendaciones de nuestros amigos no dudamos en visitar.
Realmente es el lugar perfecto para sentirte en ambiente isleño: los focos colgando de palmera a palmera, la informalidad de las mesas tipo camping te dan la sensación de estar en el patio trasero de una casa; los niños jugando o con sus cordeles pescando a la orilla del mar, los adultos platicando y bailando con la música Reggae del grupo, y lo mejor es la langosta, ¡Ufff! Los platos vienen bien servidos y a un precio muy accesible. Sin duda es un lugar para repetir. 
Les dejo fotos de mi plato, pero aclaro que las fotos de mi iphone no le hacen justicia a tan rico manjar. 
Sacarle el mayor provecho a este pedacito de tierra en medio del océano nos ha dado la oportunidad de enseñarle a nuestras hijas la importancia de disfrutar la vida en cualquier lugar donde se encuentren. Aprender de otras culturas, apreciar la arquitectura, saborear la comida, disfrutar de la música y amar la naturaleza, en fin, tantas cosas que el mundo tiene para darnos que lo único que debemos de hacer es estar abiertos a recibirlo. 

Nos sentimos orgullosos de que Hannah y Sofi lo estén aprendiendo pero sobre todo disfrutando. 
P.s. Les comparto fotos de nuestra aventura.

Sacúdete el Miedo

Mi primer mes en la isla lo describiría lleno de sentimientos encontrados: por un lado tenía en mi corazón la felicidad plena de tener a mi familia junta y la emoción de todo lo nuevo que me rodeaba, pero también la tristeza de haber dejado tantos logros personales, como casa y trabajo. El miedo a estar completamente vulnerable y fuera de mi zona de confort era un sentimiento que la mayoría de las veces me dominaba. Para toda persona que ha vivido una experiencia similar, estoy segura que puede coincidir conmigo que los primeros meses de adaptación son un poco difíciles. 

Por lo que ese choque de sentimientos empezó a hacer efecto en mí. 

Un día, una amiga de esas que más que amigas son como hermanas por elección, me dijo: -Oye, ¿ya viste este evento? Es de Yoga y es en tu isla, ¡se ve padrísimo!-. Abrí la invitación y en verdad parecía bastante interesante; era un evento organizado por Ross University (universidad veterinaria), el cual consistía en una clase de yoga, y al mismo tiempo un grupo de universitarias ofrecían actividades para los niños, y después de la clase un delicioso buffet.

Me sonó genial, pero de nuevo mi enemigo “el miedo” me rondaba, con preguntas tan insignificantes pero que en ese momento las ves tan grandes como el Everest: ¿Cómo voy a ir? No tengo ni idea de dónde es el lugar…… mmm mejor espero a Ro y que él me ayude.

No saben qué mal me caí. Durante un año de intenso entrenamiento en mi alma máter había aprendido a sacarme a patadas el victimismo de mi ADN. Antes de venir a mi islita caribeña era una mujer independiente, sin miedos, capaz de enfrentar con responsabilidad toda decisión. Y un tiempo después, ahí estaba yo, muerta de miedo, paralizada sin salir de mi casa, por mantenerme en mi zona de confort. 

El sábado llegó, el evento estaba por comenzar y mi amiga con voz de Pepe Grillo (quien en realidad se llama Vicky) me preguntó abiertamente en el chat de “hermanas regadas por todo el mundo”: -Oye Jana hoy es tu evento, ¿vas a ir?- Lo leí y empece a contestar “Lo que pasa…” (eslogan perfecto para cualquier persona que se quiera excusar de sus errores). Dándome cuenta de que iba a cometer un grave error, me miré al espejo y dije: Lo que pasa, ¡nada! ¡A levantarnos! 

Cerré la conversación y en mi idioma yucateco internacional grité: ¡Niñaaaaas, JALA, nos vamos a la playa! Recibiendo en respuesta un adorado ¡Yeeeee!

Le pregunté a Ro si sabía de un teléfono de Taxi. Su respuesta fue: -¡Eso es todo mi loba!- Su porra fue la confirmación de que me había sacudido el miedo y la alegría de verme entusiasmada.

Ya listas, nos subimos al taxi destino a nuestra mini aventura. 

Llego al lugar y para mi sorpresa Spice Mill es un restaurante divino, todo de madera con techos de dos aguas, con un excelente servicio y comida exquisita, pero lo mejor es su ubicación.

Me reciben un grupo de universitarias y me preguntan que si venía a la clase de Yoga. Hannah y Sofi cuando vieron niños, libros para colorear y acuarelas pude ver su reacción de “Sale mamá, ahí te ves”, por lo que respondí: Sí, vine a la clase de Yoga. 

Tomé mi lugar, extendí mi tapete y cerré lo ojos. La brisa marina empezó a chocar con todo, y cada uno de mis poros, las respiraciones y meditación -parte central de Yoga- comenzaron a hacer un efecto relajador en mí. Al abrir los ojos, me voy haciendo consciente del lugar en donde estaba: frente a mi vista se encontraba un hermoso mar de tres azules, y bajo el techo de dos aguas y entre las columnas que lo sostenían, enmarcaban perfecto la maravillosa Isla de Nevis, con su punta cubierta de nubes. -Dato cultural: Nevis o Nieve, es la pequeñísima isla que se encuentra a lado de St. Kitts y se le llama así, porque casi siempre las nubes cubren el pico volcánico de la isla.

Una sonrisa escapó de mi boca, en ese mismo instante le sonreí a la vida, le di gracias por todas sus señales para no dejarme derrotar ante el miedo, primero a mi amiga Vicky, segundo mis antiguas clases de Yoga en donde mi hermana Lety practicaba conmigo sus pininos como instructora -lo cual me ayudó a no verme taaaan principiante-, mi Ro con sus palabras de aliento y mi escuela del alma con sus maravillosas enseñanzas. 

Mientras la instructora decía -abran sus pies, vuélvanlos unas raíces fuertes que nos ayuden a buscar el equilibrio- volteé a ver mis pies y en ese momento me di cuenta que estaba parada donde quería estar, seguía sonriendo por el simple placer de haberme reencontrado, porque toda esa mini aventura sirvió para reafirmarme que lo que bien se aprende no se olvida.

La clase prosiguió y casi al final en mi pose preferida Shavasana -acostada en mi tapete boca arriba, con música relajante, la maestra pasa con un spray que huele divino, mientras tu estás en blanco, concentrada únicamente en tu respiración, donde no hay lugar para ninguna preocupación, ¡LITERAL! En ese momento tan perfecto pude escuchar un grito con voz grabe -Mamá po….- Por lo que supongo que mi momento pasó, pues mis ojos se abrieron del tamaño de los de Candy Candy, e inmediatamente salí corriendo en dirección al baño, con repetidos Namastes al salón de clase.

Al final de la clase me acerque a la maestra para averiguar si daba clases en otro lugar, para mi sorpresa me dijo que todos los jueves las daba cerca de mi casa, desde ese día soy alumna cumplida y no falto. 

Moraleja para cualquier persona que me lea: Si hay algo en este momento que te impida avanzar y que te paralice, ¡Sacúdete ese miedo! !Vive! Respira profundo y salta a lo desconocido, es la única manera de no quedarnos estancados, de encontrar una dirección, pero sobre todo de reafirmarnos a nosotros mismo quiénes somos y qué queremos.

Cada vez que te escuches diciendo: “Lo que pasa….” ¡Para en seco! Y piensa, Yo me merezco algo mejor que un simple “Lo que pasa……”

Jana.

P.s. Les comparto fotos de ese fabuloso día.

 

Atesorando Momentos

¿Alguna vez durante el día con tus hijos has pensado -no quiero olvidar este momento-? Bueno, yo lo repito cada cinco minutos, ya sea en la clase deportiva, una salida a pasear, escuchándolas jugar en la casa, o en el coche camino al súper (market).

Después de repetirme esa frase por tanto tiempo para luego olvidar en un abrir y cerrar de ojos ese momento tan especial, dije: ¡ALTO! No puedo dejar dejar pasar más tiempo. Sofi y Hannah van creciendo y en vez de atesorar recuerdos, ¡voy olvidando hasta dónde tengo la cabeza!

He de confesar que ha sido largo el camino para tomar esta decisión, me atormentaba la idea de exponer la intimidad de mi familia. Sin embargo, les contaré lo que a Rodrigo y a mí nos pasó algunas noches atrás.

Ro llegó del trabajo un poco estresado y yo tenía un día no muy bueno (por momentos me gana la melancolía de extrañar a mi familia, amigos y país). Sofi y Hannah estaban cenando y parecían caracoles en una carrera….el tiempo pasaba y ellas no terminaban de comer. Nosotros (papá y mamá) cansados del día, lo único que queríamos era que se fueran a dormir.

Al fin, después de una hora de repetidos ¡Niñaaaaaas comaaaaan por favoorrrr! terminaron y pudimos dormirlas. Salimos del cuarto alucinados para tomarnos nuestra adorada Happy Hour (es una hora de espacio individual en donde tanto Ro como yo podemos hacer lo que queramos, es un tiempo para nosotros y lo amamos). Los dos terminamos casi siempre en nuestros aparatos electrónicos jajajaja, y esa noche no fue la excepción.

Sin embargo, rondaba en mi la sensación de que aquella hora con las niñas pudo haber sido mucho mejor. Entiendo también que hay días que como padres nos es difícil separar las razones que nos preocupan o que nos agobian, y al mismo tiempo poner nuestra mejor cara a nuestros hijos, pero no hay que darnos por vencidos…. por lo que acudí al maravilloso mundo cibernético buscando consejos que nos pudieran ayudar como padres. A veces, más que literatura acerca de un tema en específico necesito saber que no soy la única madre en esta situación, que todo es normal y que todos los padres pasamos por esos escenarios y al final todo sale bien.

Fue precisamente ahí donde encontré un video de una pareja de padres compartiendo tips para hacer a su familia más fuerte. Fue como si me tiraran un balde de agua fría, ¡boom!

Ahí estaban, dos personas comunes y corrientes, papás como yo y muchos otros, compartiendo lo que a ellos les funcionaba como padres.

No saben cómo agradecí que éstas personas se hayan tomado el tiempo para filmarse jajajaja. Miré al techo y dije ¡alabado seas Google! (lo amo, porque puedes escribir la pregunta más larga del mundo, y al final encuentras la respuesta).

Los consejos del video eran sencillos, sin embargo al minuto de aplicarlos cambiaron tanto en nuestra dinámica familiar, que esa fue la cereza del pastel, el motivo decisivo para hoy estar enfrente de la computadora escribiendo mi primer post.

Si alguien en otro lado del mundo con costumbres y vida totalmente distintas pero con el único elemento en común de ser padres me habían hecho tanto bien con sus consejos, si esa madre o ese padre se habían tomado el tiempo para compartir lo que a ellos les había funcionado, ¿por qué no devolver ese favor a más padres perdidos por ahí?

Así que desde mi pedacito de tierra cibernética, he decidido empezar a compartir sobre nuestras experiencias, aventuras y momentos únicos que merecen ser atesorados 🙂

Jana